lunes, 11 de agosto de 2008

Estos poemas fueron elaborados en base a una convocatoria de la Asociación Española de Lectura y Escritura (AELE) en el marco de la Red Iberoamericana Ciudades Lectoras, con el apoyo de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid y el auspicio de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), proponiendo a las filiales de la IRA (International Reading Association (IRA), el Proyecto "Exposición Iberoamericana de Poemas Fotografiados "Un poema, una imagen y tu mirada". Con ojos y voz de mujer. La Exposición es itinerante. Se ha realizado en Madrid y en Costa Rica. El poema "Confusión" forma parte de esta exposición.

PAISAJE EN NOTAS DE MUERTE Y RESURRECCIÓN
Autora: Graciela Zárate León
País: PERÚ

Es cierto, en esta fotografía el camino es blanco.

Blanco puede ser expresión de pureza y una palabra bella,
Puede ser el color de la nieve retorcida de frío y de calambres,
Blanco puede ser también
el color de una página prístina, en la cual
empieza a escribir su historia un bebé recién nacido.
Blanco es también –dramáticamente cierto-
el color de la muerte y de la nada.

Por ese camino blanco, camina solitario
un hombre.
Luce formal corbata, lleva zapatos nuevos y
viste con holgura un terno.
No es un Don Nadie.
¿Le toca algo o mucho de bienestar
y de holgura económica?
No lo sabemos.

Va respirando, sin duda
a pleno pulmón,
esta mañana de invierno.

Pero esa franja tan blanca y tan fría que transita solitario
contrasta su mirada con los árboles de invierno
tan vestidos de negro, de ropaje sombrío,
de sombras tapizadas con ausencia de
hojas frescas,
con tejidos y urdimbres de negrura.

Pienso entonces
que en las sienes de este hombre danza una comparsa de ideas:
una forma de ser y de no ser, de estar y de no estar,
una búsqueda, una búsqueda,
o una trampa tendida en la vereda.

Creo que sus entrañas sacuden un dedo metálico,
acusador de injusticia.
Y que bajo su piel, su corazón revienta sangre vomitada de violencia
contenida en esa apariencia de paz
que no la tiene el hombre de estos días.

Detrás de toda dimensión, detrás de la claudicación,
una protesta pálida recorre sus facciones severas
se siente una máquina cansada de ser, por su egoísmo,
una cosa sola, sola, sola
metida en la costra de la frivolidad.
Y aflora en su pecho una angustia por silenciar el perdido
grito de la condición humana.

Y entonces nace el gemido
de la resurrección.
El paisaje transmuta sus colores
El arcoiris matiza todos los espacios del día
Y con una intensa sensación de asombro,
Este hombre susurra:

“A partir de ahora, de este preciso instante
desbordaré mis aguas y lavaré las calles
del trajín inútil.
Sacudiré los nervios de la rutina diaria.
Empujaré las grandes voluntades
de los hombres-día, de los hombres-sangre,
de los hombres-vida.

Mi humanidad hoy se volvió
una blancura inmortal.

Respiro PAZ.


LAS BARCAS Y LA VIDA
Autora: Graciela Zárate León
País: PERÚ


¡Cómo duele el encierro, la soledad, la calma!
¡Cómo grita el silencio, la forma sedentaria y este ensayo
de paz hecho mentira y soledad!

Las barcas solitarias carecen de sentires y de ideas,
las barcas no se estacionan en espacios de cemento ni
en paredes y puertas con lunas y maderas.
Las barcas transitan el camino del hombre, de la mujer, de los niños y adultos,
transitan el camino de la VIDA.

Y bambolean su hamaca hecha fortuna, entre las aguas del mar o de un río escondido
En ellas nos mecemos como peces sobre las suaves olas y vaivenes del tiempo
sentimos la brisa de la mar en las sienes, los labios, el cabello
mientras el alma se calienta con los rayos del sol o ríe la luna con sus luces plateadas al anochecer.

Yo, entonces, amo las barcas, amo el mar, amo los ritmos del corazón,
amo la risa, los ecos del silencio, la alegría de la luz en las mañanas y los suaves temblores del amor en las entrañas.

Yo, entonces, soy una gaviota y mis alas y mis vuelos modelan mi libertad.
Y me siento canción, brisa, corazón y beso.
Y soy como una barca que se aleja del puerto
y va en busca de misterios, de retos y de encuentros
llevando una bandera de azul-amor y de rosada paz.
esa noble bandera de los más grandes sueños.

Y así me siento un ser del siglo XXI,
decidido a luchar por el pez y la arena,
a gritar que el mar es nuestro amigo y compañero
Y las barcas son nuestra forma de caminar sobre las olas.
y que ellas almacenan los peces que buscamos
para saciar el hambre de la tierra.

Y entonces… las poetas mujeres, envueltas en
cantos de esperanza, lanzamos
el más puro poema que nos limpia el alma:
“¡Pongámonos de pie
en este siglo XXI programado
con la semilla virgen de lo nuestro
con la savia mestiza de lo propio,
con una mirada hermana al universo
con el alma imbuida de fe, mirando al infinito
¡Y sin retorno!


CONFUSIÓN
Autora: Graciela Zárate León
País: PERÚ

¿Por qué unas piernas de mujer cubiertas de vellos
y con uñas pintadas?
¿O son piernas de varón confundido entre este mundo gay de
alocados travestis y rameras?
¿Por qué reposan tan pagadas de sí, tan pacientes y calmas?

¿Son de alguien que vino a morir sobre la hierba?
¿O, quizá, de alguien que descansó su historia de amor sobre esta alfombra verde?
¿Talvez de un metrosexual que exhibe su belleza sobre un lecho de grama natural?

Los pies en reposo me arañan el alma.
Mejor es mirarlos cuando caminan raudos
forjando historias del tiempo que se vive, que se siente
y se nutre de sentimientos profundos.

No me gustan los pies cuyos pasos se sienten
como pobre cantata de los pasos perdidos,
como golpes que dieron los dolores sentidos.

Los pies son la armonía de los mejores trinos
cuando el alma está abierta al mundo de los vivos.
Los pies marcan el ritmo del corazón sincero
que ama perdonar si es que hay malos encuentros.
Cruzan la senda oscura o matizada de flores
Los pies nos engrandecen cuando andamos y andamos
de frente, sin prisa y sin temores.
Los pies son caminantes del desierto y la puna
de las urbes mangníficas y de pueblos uraños.

Ellos rescatan la luz y la alborada
si caminan seguros por las sendas oscuras,
si hacen dulce el camino,
y tiernas las mañanas.

Estos pies fraudulentos
me arrebatan el alma.
Son confusos, extraños,
¡No marcan el camino!